Hay silencios
que descansan.

Y hay silencios
que muerden.

El tuyo,
tiene el extraño talento
de hacerme escuchar
todas las preguntas
que nunca respondiste.

No me duele
que no escribas.

Me duele imaginar
que ya no sientas
la necesidad de hacerlo.

Porque un día
mi nombre fue refugio
entre tus horas.

Y ahora, parece perderse
entre ellas.

No busco discursos.

No espero promesas.

Solo un pequeño puente
que me recuerde
que todavía existo
en algún rincón de tu vida.

Lo más difícil
no es extrañarte.

Es no saber
si también me extrañás.

Es caminar
entre recuerdos hermosos
y silencios interminables,

sin saber
si todavía avanzamos
hacia el mismo lugar,

o si quizás, hace tiempo
empezamos a recorrer
caminos distintos.

Y, sin embargo,

aunque tu silencio
me rompa un poco más
cada día, hay una parte de mí
que sigue deseando

que algún amanecer

tu voz encuentre el camino

de regreso a la mía.

Antes de irte…

Si esta historia te dejó un vacío en el estómago, entonces logró exactamente lo que buscaba.

Escribo terror y thriller sobre personas obligadas a tomar decisiones imposibles… y a vivir con las consecuencias. Cada quince días mando un relato inédito por correo: no llega al blog, no llega a redes, no está en Amazon.

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De entrada te llega Kilómetro 80: una grúa, una carretera cerrada por la niebla y una mujer que solo deja llevarse a uno. No está publicado en ningún lado.

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