La Última vez

NOTA DE ADVERTENCIA IMPORTANTE

La siguiente historia corta es profunda e intima. El relato contiene contenido erótico explicito que describe actos sexuales de forma directa. Si decides continuar, te pido que lo hagas con mente abierta.

Fue en nuestro lugar especial, ese que ya no existe y que marcó el principio del fin. Apenas cerramos la puerta, el mundo se desvaneció.

Empezó como siempre empiezan las cosas verdaderas: con besos lentos, profundos, de esos que dicen más que mil palabras. La abracé fuerte, sintiendo su cuerpo trabajado temblar contra el mío. Mis manos recorrieron su espalda, su cintura, bajando con posesión y ternura hasta apretar sus nalgas firmes y entrenadas.

La llevé al suelo con cuidado. Sobre el piso suave la desnudé despacio, como quien desenvuelve algo sagrado. Su piel blanca brillaba bajo la luz tenue. Sus ojos verdes me miraban con esa mezcla de amor y deseo que me desarma por completo. Besé sus labios, bajé por su cuello y me detuve en sus pechos pequeños y perfectos. Sus pezones rosados se endurecieron bajo mi lengua mientras ella arqueaba la espalda y gemía mi nombre.

Me volví loco de deseo. Le abrí las piernas con suavidad. Sus muslos fuertes y tonificados, forjados por horas de entrenamiento, se abrieron para mí. Bajé hasta su sexo. Estaba empapada, palpitante. La devoré con hambre y devoción: lamí despacio, succioné su clítoris, penetrándola con la lengua mientras mis manos acariciaban esos muslos atléticos y firmes. Sus gemidos se volvieron más intensos, más desesperados. Me clavó las uñas en la cabeza y en los hombros, empujándome contra ella. Se vino por primera vez en mi boca, temblando fuerte, inundándome con su placer y repitiendo mi nombre entre gemidos.

No la dejé recuperarse. La subí sobre mi rostro, sujetándola por las caderas. Quería ahogarme en ella. Sus muslos grandes y poderosos apretaron mi cabeza mientras se mecía contra mi boca. La saboreé con más intensidad, y se vino por segunda vez, temblando violentamente alrededor de mí.

—Mi amor… por favor… —suplicó entre jadeos.

La tercera vez la quise sentir más adentro. La puse en cuatro, admirando su espalda curvada, su culo firme y redondo, perfectamente esculpido. Entré despacio, disfrutando cada centímetro de su calor apretado. Luego aumenté el ritmo, profundo y posesivo, sin perder la conexión. Mis manos recorrían su piel, acariciaban sus pechos, tiraba suavemente de su cabello para besarla mientras la hacía mía.

Sus gemidos llenaban el gimnasio vacío. La sentí contraerse alrededor de mí por tercera vez, apretándome con esa fuerza que solo su cuerpo atlético podía tener. No pude más. Me enterré hasta el fondo y me vine dentro de ella con un gruñido ronco, llenándola mientras la abrazaba desde atrás, besando su cuello.

—Te amo… Eres mía. Siempre vas a ser mía.

Nos quedamos unidos un largo rato, respirando juntos, besándonos despacio. En ese momento todo era perfecto. La miré a los ojos y la besé de nuevo… sin saber aún que esa sería nuestra última vez.

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