Tu silencio
es la verdad más honesta que me dejas…

No hiere como las palabras,
se posa lento,
como una sombra que aprende mi nombre
y decide quedarse.

No promete lo que no puedes sostener,
no se disfraza de intención…
solo se retira,
dejándome habitado por tu ausencia.

Y en ese vacío que dejas,
comprendo lo incomprensible:

que no todo lo que arde se apaga,
que hay fuegos condenados
a sobrevivir en la oscuridad,
aunque ya no tengan luz.

Decís nada…
y en ese nada
me decís todo.

Pero incluso ahora,
mientras tu silencio me entierra en vida,
persiste en mí una certeza sombría:

que lo inconcluso no descansa,
que lo que evitaste nombrar
siempre encuentra el camino de regreso.

Tal vez un día vuelvas,
cuando el ruido se apague
y te enfrentes a lo que dejaste atrás…

pero para entonces—

quizás ya no quede nadie aquí
que responda a tu voz,

ni un eco que repita tu nombre,
ni un latido dispuesto
a abrirte la puerta otra vez.

No responses yet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *